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José Luis de Arrese y el nacional-sindicalismo

 
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MensajePublicado: 0335UTCLun, 28 Mar 2011 17:35:18 +00002011-03-28T17:35:18+00:002011LunesUTC18 09-05- 2007 16:58:15    Asunto: José Luis de Arrese y el nacional-sindicalismo Responder citando

Si hay algo importante que un hombre puede legar a las generaciones futuras es un libro en el cual queden expuestas las ideas, pensamientos o programas para un futuro mejor. Uno de los hombres que acometieron esta labor fue José Luis de Arrese con su obra La revolución social del Nacional-sindicalismo. Fue una obra de su tiempo escrita para su tiempo (fue escrita en 1938), pero cuya esencia (la exposición sistemática de la doctrina social del nacional-sindicalismo) sigue teniendo plena vigencia y, pese a que pueda ser sometida a revisión en sus aspectos coyunturales, es una obra de obligada referencia para todo aquél que quiera conocer el falangismo. La posterior lealtad de Arrese hacia Franco no debe oscurecer la sinceridad revolucionaria que anida en esta obra que, sin duda, no fue precisamente un referente para la construcción del régimen franquista.
La obra se estructura en tres partes: la primera es una historia de las doctrinas económicas (liberalismo, marxismo y nacionalsindicalismo), la segunda trata de la justicia social y analiza los conceptos y hechos de trabajo, salario, propiedad, capital, paro, etc., exponiendo las soluciones falangistas al denominado “problema social” causado por el sistema liberal-capitalista. La tercera y última parte expone los principios revolucionarios del nacional-sindicalismo y precisa la organización económica y sindical que debería establecerse en función de los principios revolucionarios del falangismo. Hay, además, en todo el libro, una honda preocupación espiritual, combativa con el materialismo individualista que surgió en el seno de la modernidad industrial: “No fue la máquina, por tanto, la que trastornó al mundo: fue el materialismo. No es, por tanto, la cuestión económica la única que hay que solucionar para solucionar el problema social: es también la cuestión espiritual, sin la cual no puede haber solución completa”[1] .
Algo importante que se apresura Arrese a dejar bien claro es que el nacional-sindicalismo no es ni fascismo ni nacional-socialismo: las manifestaciones estéticas (brazo en alto, camisas…) no son más que “forma, no esencia, del movimiento”. Así, “nosotros, que somos españoles, no podemos ser fascistas, y no lo podemos ser precisamente por su mismo esencia” [2].
Pero lo más importante del libro es la exposición de la doctrina social y económica del nacional-sindicalismo, que Arrese caracteriza esencialmente de esta forma: “hagamos un sistema (…) no de clases, no de capitalistas ni de proletarios, sino de productores.,[…] en el que el capital sea una fuente de producción, pero no de lucro; en el que patronos, técnicos y obreros sean, en proporción al esfuerzo de cada uno, los únicos copartícipes del beneficio producido, sin odios, sin clases, y habremos hecho la verdadera revolución social”[3] . Léase bien y destáquese dos cosas: el capital como fuente de producción y no de lucro y una sociedad sin clases. Sí. Sin propiedad individual del beneficio del capital. Sin clases. Esto es importantísimo, puesto que es el centro revolucionario del nacional-sindicalismo. Todas las acusaciones por parte del marxismo de que el falangismo quiere (igual que quisieron,efectivamente, el fascismo y el nazismo) conservar las clases sociales mediante concesiones a los trabajadores pero conservando, en última instancia, el régimen burgués en materia social y económica, son absolutamente falsas. Arrese denuncia exactamente lo mismo que denunció Marx: “que, incluso la situación más favorable para la clase obrera, el incremento más rápido posible del capital, por mucho que mejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismo entre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses del capitalista”[4] . También lo denunció José Antonio: “El que con la economía capitalista, tal como está montada, nos dediquemos a disminuir las horas de trabajo, a aumentar los salarios, a recargar los seguros sociales, vale tanto como querer conservar una máquina y distraerse echándole arena en los cojinetes. Así se arruinarán las industrias y así quedarán sin pan los obreros. En cambio, con lo que queremos nosotros, que es mucho más profundo, en que el obrero va a participar mucho más, en que el Sindicato obrero va a tener una participación directa en las funciones del Estado, no vamos a hacer avances sociales uno a uno, como quien entrega concesiones en un regateo, sino que estructuraremos la economía de arriba debajo de otra manera distinta, sobre otras bases, y entonces sucederá, señor Gil Robles, que se logrará un orden social mucho más justo”[5] .
En efecto, cuando un capitalista obtiene una mercancía que venderá y se embolsará todo su valor en forma monetaria, “una parte del trabajo encerrado en la mercancía es trabajo retribuído; otra parte, trabajo no retribuído”[6] . La solución de Marx era potenciar la lucha de clases para que la clase obrera oprimiera a la clase capitalista, arrebatándole todos los medios de producción e instaurando la sociedad sin clases por la fuerza, ya que como los intereses económicos son la base fundamental de los cambios sociales (idea fundamental del materialismo histórico), la única vía revolucionaria es la violencia. Arrese, en cambio, cree que el espíritu, el pensamiento, la moral y las ideas no están completamente determinados por los modos de producción y los intereses económicos surgidos de cada modo concreto, y por ello aboga a que toda la comunidad ciudadana se aplegue a un ideal de Justicia, solidaridad y cooperación interclasista para hacer la revolución. Pero la revolución nacional-sindicalista, y no es superfluo insistir en ello, también quiere abolir las distinciones entre las clases sociales.
El falangismo, pues, no defiende la propiedad privada capitalista, tan sólo “la propiedad nacida del trabajo”[7]. Así, Arrese defiende la propiedad colectiva “en el sentido de solidaridad moral y hasta lo propugnamos como una modalidad nueva de la propiedad privada, como haremos al fomentar el patrimonio comunal y sinidical y como hemos visto al sustituir al salariado por la participación en la empresa”[8] . Un marxista debería aceptar que eliminar el sistema de salarios e instaurar la propiedad colectiva de la empresa, haciendo a todos los trabajadores propietarios y partícipes de los beneficios, es algo auténticamente revolucionario, puesto que las tres clases de las sociedades modernas, “los obreros asalariados, los capitalistas y los terratenientes” se caracterizan y diferencian entre sí en razón de sus fuentes de ingresos que son, respectivamente, “el salario, la ganancia y la renta del suelo”[9] . Así, Arrese (es decir, el falangismo, que es la doctrina que expone en su libro) no es menos revolucionario que Marx y, aun más, con su programa de reformas (más bien, cambios) revolucionarias que debe instaurar el Estado, está siguiendo las exigencias del filósofo anarquista Proudhon: “el derecho al trabajo y a la participación igual de los bienes no puede ceder ante las perplejidades del poder; (…) no es el proletariado el llamado a conciliar las contradicciones de los códigos, (…) es el poder civil y administrativo el que debe reformarse con arreglo al principio de igualdad política y económica”[10] .
Como va exponiendo Arrese en los sucesivos capítulos, las posibles desigualdades económicas (que no sociales) sólo deben permitirse dentro de ciertos límites y en razón del esfuerzo y los méritos de cada uno, nunca en razón de privilegios o ventajas de clase, los cuales serán todos abolidos. Pero es que, además, Arrese se cuida muy bien de advertir a los burgueses acomodaticios amantes del lujo y la molicie: “por otra parte, también las ganancias estarán limitadas; es decir, que si una empresa gana desaforadamente, no se repartirán todos los beneficios, sino que una parte de éstos irá a suplir las pérdidas de los otros”[11] . Así, Arrese encuadra la economía dentro del término medio aristotélico y la dota de la austeridad y solidaridad cristianas, mostrando, además, una honda preocupación por la cultura y el arte [12].
Esta obra es, pues, una magnífica exposición sistemática del nacional-sindicalismo, desplegando todo su potencial revolucionario frente a marxistas y derechistas, proclamando los principios falangistas sin complejos ni eufemismos, sin miedo a ganarse el favor de nadie que no crea sinceramente en la Justicia Social.

[1]José Luis de Arrese (1940) La revolución social del Nacional-sindicalismo, Ed. Nacional, P 19
[2]Ibidem, P 35
[3]Ibidem, P 53
[4]Karl Marx ( 1975) Trabajo asalariado y capital, en Obras Escogidas. Tomo I, Ed. Fundamentos, pp 91-92
[5]José Antonio Primo de Rivera (1971) Obras, Ed. Cronológica, P 335
[6]Karl Marx (1975) Salario, precio y ganancia, en Obras Escogidas. Tomo I, Ed. Fundamentos, P 447
[7]Arrese, Ibidem, P 114
[8]Ibidem, P 118
[9]Karl Marx (2007) El Capital. Libro III, tomo III (sección séptima, capítulo LII), Ed Akal, P 357
[10]Proudhon (2010) ¿Qué es la propiedad?, Ed. Público, P 244
[11]Arrese, Ibidem, P 214
[12]Uno de los principales destinatarios del crédito de la Banca Nacional debe ser el artista que pueda perderse por motivos económicos. Ver Arrese, Ibidem, P 158

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"No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos" José Antonio Primo de Rivera
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